jueves, 20 de agosto de 2026
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El dilema de la IA en el trabajo: ¿cómo aprenderán los jóvenes profesionales cuando la tecnología hace las tareas básicas?

Chile lidera el uso de IA en Latinoamérica, pero surge una pregunta clave: ¿qué pasa con el aprendizaje laboral cuando la tecnología reemplaza las tareas formativas?

Redacción Negocios Noticias|Tecnología y Negocios|

Buscar información, ordenar datos, preparar informes, resumir documentos. Quienes ya llevan años trabajando reconocerán esas tareas como parte inevitable de sus primeros empleos. Eran laboriosas, a veces tediosas, pero cumplían un rol fundamental: enseñaban a trabajar. Hoy, la inteligencia artificial puede resolver todo eso en cuestión de minutos, y eso abre una pregunta que pocos se están haciendo con suficiente seriedad.

¿Cómo van a aprender a trabajar las nuevas generaciones si la IA ya hace buena parte de aquello con lo que antes se aprendía el oficio?

Mientras el debate público sigue girando en torno a si la inteligencia artificial destruirá o creará empleos, el mundo empresarial enfrenta un desafío más inmediato y concreto: rediseñar cómo se forma el talento joven dentro de las organizaciones. Según un análisis de la consultora Porter Novelli, el verdadero riesgo no está en que un profesional use IA para generar un primer borrador, sino en que ese proceso ocurra sin una supervisión rigurosa que asegure el aprendizaje real.

En otras palabras, el problema no es la herramienta, sino cómo las empresas adaptan sus mecanismos de evaluación y desarrollo. Si los equipos de trabajo no cuentan con procesos maduros para medir la calidad del análisis que entregan sus profesionales más jóvenes, el aprendizaje no evoluciona: simplemente desaparece.

El asunto tiene una dimensión especialmente relevante para Chile. Nuestro país lidera el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial y más de 150 mil chilenos ya incorporan esta tecnología en sus funciones laborales cotidianas. Ser pioneros en la región es una ventaja competitiva real, pero también implica un riesgo: al no contar con tantas referencias previas, Chile será el primero en enfrentar —y cometer— los errores propios de esta transición.

En ese contexto, ya se observan señales de cambio en la estructura interna de algunas empresas chilenas, que están repensando sus modelos de desarrollo de talento. Sin embargo, persiste una brecha importante:

  • Muchos trabajadores creen usar la IA de manera óptima, pero las buenas prácticas reales aún están lejos de consolidarse.
  • Las organizaciones no siempre cuentan con criterios claros para evaluar si el trabajo asistido por IA tiene la profundidad analítica necesaria.
  • El riesgo de generar una generación de profesionales con habilidades operativas limitadas es concreto si no se actúa a tiempo.

El desafío, entonces, no es frenar el uso de la inteligencia artificial en el trabajo —eso sería tan inútil como contraproducente—. El verdadero trabajo pendiente es construir nuevos andamiajes de aprendizaje que permitan a los profesionales jóvenes desarrollar criterio, pensamiento crítico y capacidad de evaluación en un entorno donde la IA ya hace el trabajo más básico por ellos. Quien resuelva esa ecuación primero, tendrá una ventaja real en el mercado laboral del futuro cercano.

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