Chile recicla solo el 4% de su basura electrónica y el fin de año agrava el problema
El país genera 220 mil toneladas de residuos electrónicos al año, la cifra más alta de Latinoamérica, y apenas una fracción tiene destino formal.
Celulares viejos en un cajón, monitores apilados en una bodega, notebooks que nadie usa pero tampoco nadie se atreve a tirar. Esa imagen, común en hogares y oficinas chilenas, tiene una dimensión que pocos dimensionan: Chile produce cerca de 220 mil toneladas de residuos electrónicos cada año, equivalente a más de 10 kilos por persona, el volumen más alto de toda América Latina. Y según cifras del Ministerio del Medio Ambiente, apenas el 4,1% de esa basura tecnológica se recicla.
El problema se intensifica en el último trimestre del año. El CyberMonday de octubre, con más de 500 marcas participantes entre las que se cuentan fabricantes de computadores y teléfonos, y el Black Friday de noviembre disparan la compra de nuevos equipos. A eso se suma una práctica habitual en el mundo corporativo: muchas empresas utilizan el presupuesto restante antes del cierre anual para renovar su tecnología. Lo que rara vez se planifica es qué hacer con los aparatos que quedan fuera de uso.
El síndrome de Diógenes corporativo, como lo llaman quienes trabajan en gestión de residuos, describe con precisión el fenómeno: equipos guardados «por si acaso» que se acumulan año tras año hasta ocupar bodegas enteras. «Fin de año es cuando las empresas ordenan, se cambian de oficina o cierran sucursales, y ahí aparece todo lo que guardaron. Nadie quiere botarlo porque no sabe dónde, y termina ocupando espacio por años», explica Juan Ianchina, gerente comercial de Bendito Residuo, empresa gestora de residuos que en 2025 procesó 1.428 toneladas de este tipo de material, un 44% más que en 2023.
Pero más allá del espacio físico, hay un riesgo que permanece invisible: los dispositivos corporativos almacenan información sensible. Correos electrónicos, contratos, datos de clientes y registros de trabajadores quedan expuestos si un equipo se desecha o se vende sin haber borrado correctamente su contenido, lo que puede derivar en problemas legales y filtraciones de datos.
En ese contexto, el marco regulatorio avanza, aunque con tiempos que generan preocupación. En mayo de este año se publicó el decreto que regula la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) para pilas y aparatos eléctricos y electrónicos. La norma establece metas progresivas de recolección y reciclaje que parten en un 3% y escalan hasta el 45% en el décimo año de vigencia. Sin embargo, las exigencias formales no comenzarán sino hasta 2028, lo que deja aún varios años sin obligaciones concretas para fabricantes e importadores.
Mientras eso ocurre, los expertos recomiendan a empresas y personas adoptar medidas desde ahora:
- Planificar el retiro de equipos en desuso con gestores de residuos certificados.
- Borrar o destruir de forma segura los discos duros y memorias antes de desechar cualquier dispositivo.
- Consultar los puntos de recolección disponibles antes de comprar un equipo nuevo en campañas como CyberMonday o Black Friday.
La renovación tecnológica de fin de año ya no puede seguir siendo sinónimo de basura electrónica sin destino.